sábado, 8 de agosto de 2015


Él era una ciudad en ruinas y yo una loca turista entre sus calles. Algunas mañanas él se despertaba con la fuerza de un tsunami en Tailandia y yo parecía ser todos los arboles y todos los edificios destrozados tras su paso.

Por algún motivo, él era como la M-40 recorriendo Madrid a las dos de la madrugada y yo intentaba (sin éxito) conducir un nuevo Maserati a 200 kilómetros por hora. Pisaba el gas para llegar a amarle pero nunca era suficiente. Si las personas fuésemos lluvia, yo sería llovizna y él, sería un huracán.

A menudo, él solía pensar que todos los caminos nos llevarían a Roma pero, en realidad, ninguno llegó a traspasar la frontera. De cualquier modo, todos mis caminos pasaban antes por su casa. Qué más daba, en ese momento, lo que viniera después. Y así fue: después ya no vino nada. 

lunes, 22 de junio de 2015


100.000 visitas, se dice pronto. Quería comenzar este post agradeciendo, como no, a cada uno de vosotros que hayáis formado parte de mí en este camino. Gracias a los que llevan aquí desde el principio (hace ya algunos años), a los que se engancharon a la mitad y, por último, gracias a los que acaban de llegar, coged sitio.

Si algo he aprendido en este tiempo es que todos vosotros formáis parte de mis momentos de felicidad.

Dicen que en un 80% somos la consecuencia de nuestras propias decisiones. Estas consecuencias serán tanto buenas como malas. Deberás aceptarlas y quererte porque ellas son el resultado de lo que eres. Y digo yo, que si la consecuencia inevitable de tener un blog en Internet, ha sido y está siendo vuestros comentarios, vuestras visitas y vuestro interés tanto en las redes sociales como en persona, yo no he podido tener más suerte a la hora de decidir.

Así que gracias una vez más por hacer esto posible.

viernes, 5 de junio de 2015


"Nuestras huellas dactilares no se borran de las vidas que tocamos". 

Del mismo modo pasa si nos tocan, ¿no? Porque, claro, desde aquí podríamos empezar a deducir que son miles de millones de huellas dactilares las que tocan, a la largo de la vida, nuestra piel, pero solo un número muy reducido de todas ellas, es el que se queda a pasar la noche. Espero que estéis entendiendo la analogía.

Empiezo a pensar que, igual, todo se reduce a eso, unas huellas dactilares donde quedarse a vivir. O mucho más sencillo: unas huellas dactilares en ti de por vida. Y de verdad que no importa si el dueño de las huellas sigue en tu vida o si hace diez veranos que no le ves. Las huellas están ahí, ¿lo entendéis? 

Esto no tiene por qué ser bueno. Hay personas que pasan años intentando deshacerse de unas huellas dactilares pero hay una parte de éstas que siempre se queda impregnada y es algo así como que va donde tú vayas viviendo lo que tú vives. 

Pero bueno, qué más da eso ahora. Quizás tú no te vayas ni con lejía de la vida de alguien. Y eso es bonito. O quizás no.


lunes, 27 de abril de 2015


Voy a contaros algo:

Lo peor de terminar una relación es quedarte a medias. Cuando la otra persona ya se ha cansado pero a ti aun te queda dentro miles de planes que habías pensado para los dos. Desde ese mismo momento, puedes empezar a aceptar que, ahora, todo va a estar incompleto. 

Siempre sobra comida los domingos, ahora hay una parte de la cama que siempre está fría, las canciones de Sabina y los poemas de Sabines ya no suenan a lo mismo, pero, justo ahí, entiendes que tenía razón Sabina cuando decía que hasta los huesos solo calan los besos que no has dado. En definitiva, hay una parte de ti que se queda a medias en cada cosa que dice o hace. 

Y, al final, empiezas a entender que igual va a ser verdad eso que dicen de que el amor son dos vasos comunicantes donde uno quiere y el otro solo se deja querer. Nota mental para el futuro: la próxima vez procuraré ser yo la que se deje querer.

jueves, 2 de abril de 2015


Me niego rotundamente a las relaciones sin sentido y a los quebraderos de cabeza por algo o alguien que realmente no lo merece. Se quién soy y qué es lo que quiero. Puedo estar sola. Yo siempre pude sola, y podré sola. No me preocupa estarlo, me preocupa estar con la persona equivocada una vez más.

No quiero oír hablar del amor express, no pienso dejarme convencer por eso de que se necesita un promedio de diez citas para que dos personas se enamoren. No funciona así conmigo.

Ya estuve enamorada una vez, ya experimenté los desvelos de madrugada, las películas a medias y las promesas a largo plazo que yo misma sabia que venían con fecha de caducidad.

Y desde ahí, desde esa fecha de caducidad, todos mis desvelos han sido intencionados, todas las palabras han sido forzadas y todas las películas han sido elegidas al azar. Me niego al amor hasta que encuentre a alguien que me fascine. Da igual cuanto tiempo deba esperar (quizá por alguien que ni exista) y da igual el modo en el que ocurra. Las mejores cosas en la vida son las que no se planean.

sábado, 14 de febrero de 2015


La relación más caótica pero más significativa es la que tengo conmigo misma desde hace x tiempo. Llamémoslo "x" porque "y" me suena ya un poco antiguo.

Quizá me acostumbre a dar rodeos y a tomar malas decisiones que nunca acababan en ti. Me acostumbré a la música sin que tú me marcaras el ritmo. Preferí bailar. Hubo un tiempo en el que todas mis rectas contigo sumaban, pero realmente nunca fui demasiado buena en mates.

Hay resacas de amor que duran toda la vida, así que, hoy, me suelto de tu mano y decido ser mi propia relación complicada ya que compartirla contigo se me hace demasiado fácil.

martes, 2 de diciembre de 2014


Que bonito cuando alguien hace que crezcan flores en las partes más triste de ti. Cuando unas manos abrasadoras recorren todos los recovecos inexplorados de tu cuerpo. Camas con sabanas aun blancas repletas de sueños en vivo y a color.

Que bonito cuando alguien cree en el esquematizado caos de tu vida. Sin preguntas. Sin esperar una respuesta que, a tontas y a locas, le das una fría tarde de marzo.

Que bonito cuando alguien hace que crezcan flores en las partes más tristes de ti, sí, flores repletas de raíces y con alas. Pero las alas que estén bien arriba, en las partes que aun quedan felices de ti, para poder coger ventaja y volar alto.